En una tranquila, soleada y hermosa mañana, de un día de
semana, en la Escuela "Primera Junta" de Villa Rumipal,
comienzan las actividades propias de un establecimiento escolar.
De pronto, entran en el local, las personas a cargo del Simulacro
de Emergencia Nuclear, le entregan a la Sra. Directora una tarjeta,
con el tipo de desastre a enfrentar: Primero, un derrumbe en una de
las aulas seguido de un incendio.
Al retirarse, comienza lo que debería ser una rutina planificada
y lógica. Como primer paso, se llama con urgencia a las autoridades
de Defensa Civil, solicitando con toda rapidez que el caso exigía,
la solución del problema. Y en este preciso momento, los
acontecimientos se precipitan en forma absurda y desorganizada.- La
persona que recibe el llamado, ignora la situación de simulación
por lo cual, además de dar aviso a los Bomberos Voluntarios,
convoca a empleados municipales. Éstos que se caracterizan por su
parsimonia, irrumpen, desencajados, pálidos, demudados, tratando de
salvar a los alumnos del desastre, peleándose entre sí, mientras
los niños y el personal, tratan de explicar que es sólo un
simulacro, lo cual no es comprendido, y comienza una
"lucha" entre municipales y docentes, unos tratando de
llevarse la mayor cantidad de chicos y otros, tratando de
retenerlos.
Finalmente, ganan los docentes, la calma se reanuda, los
municipales se retiran y..., súbitamente entre ululantes sirenas,
veloces torbellinos de anaranjadas figuras, rojos carros y largas e
inservibles mangueras llegan los "salvadores públicos".
Con arrojo y valentía (aunque conscientes de que es una
simulación) atacan el foco de incendio, con sus potentes mangueras.
Y ... ¡Oh, desastre!, éstas se traban y arrojan con terrible
presión, litros y litros ... y más litros, ... y aún más litros
de agua al patio cubierto, la cual sigue el desnivel del terreno,
formando turbias cascadas, que gracias a la rapidez y eficiencia,
del personal auxiliar, atraviesa las puertas abiertas, aulas,
corredores y desemboca como un nuevo río, a la calle Sabattini que
tarda varios días en recuperar su aspecto habitual.
Pero, el planificado simulacro continúa: el nuevo desastre a
enfrentar es una Emergencia Nuclear.
Todo el personal, corre y busca a los chicos, puestos en
"lugar seguro" en la parte alta del patio de juegos, y a
toda velocidad los encierra en el ex Salón de Usos Múltiples,
"ex pileta de natación", ahora barroso y resbaladizo
pantano.
Y allí permanecen alumnos, personal directivo, docente y
auxiliar, expectantes, apilados y apiñados, todos juntos,
observando perplejos y atónitos este "humano" desastre no
natural.
En este instante, como detalle faltante, llega la ambulancia a
buscar las personas, sepultadas por el derrumbe y/o quemadas en el
incendio, el personal médico abre con ímpetu las puertas del
salón y retira a tres niños y al auxiliar de servicios, a pesar de
sus vehementes protestas, y luego de considerarlos heridos graves,
los coloca en camillas y en tablones que son amontonados en la parte
trasera del vehículo , el cual parte, chirriante, con ruido a caja
de velocidades y salpicando de barro a todos los que colaboraron en
el "salvataje".
Finalmente, luego de una "caótica" jornada, renace la
calma, concluye el simulacro, y se buscan los actores en el
Dispensario local y ... ¡Oh, sorpresa! Allí no están, tampoco se
encuentran en el de Villa del Dique. Se regresa a la escuela, con
creciente preocupación, pero allí, no hay ni la sombra de una
ambulancia.
Cuando todo parece indicar, un problema sin solución, el
Director del Hospital Regional de la localidad de Santa Rosa de
Calamuchita, situada a una distancia de 20 km y enclavado al pie de
las Sierras Chicas, se comunica con el Centro Educativo para
preguntar, con tono de total indignación, qué hace con las cuatro
personas que fueron llevadas durante la simulación y que todavía
están a su cargo.
Y vuelta a empezar ... se avisa a Defensa Civil lo que sucede y
un vehículo municipal parte a buscar a los "deshidratados y
hambrientos heridos", que regresan a su segundo hogar, mojado y
desierto hogar, en el que tan sólo permanece el personal directivo,
confiado y esperanzado en que, luego de cerrar las puertas, pasen
muchos, pero muchos años, antes de que el establecimiento sea
escenario de otra simulación no simulada, de otra organización no
organizada, de otra representación no representada, de otra
anticipación no anticipada, de otro ensayo no ensayado, de otra ...
y ... !!!
BEATRIZ IRENE MUÑOZ y EDIDT FERRARESE, 1999, Villa
Rumipal, Provincia de Córdoba, República Argentina, publicado en
Escritores de Rumipal, "La otra mirada", Poemas y cuentos
I, editado por la Dirección Municipal de Turismo y Cultura, 6/9/99